Discurso del Embajador Kevin K. Sullivan en ocasión de la celebración del 4 de julio

Julio 2, 2019

Les agradezco a todos ustedes, nuestros invitados, por acompañarnos esta tarde para celebrar el Cuatro de Julio, Día de la Independencia en los Estados Unidos.  Para mí, mi esposa Mariángeles y todo el equipo de la embajada, es un verdadero honor recibirles esta tarde en nuestro hogar, la histórica Casona de la Embajada.

El año pasado no realizamos esta celebración anual porque nos encontrábamos en los peores momentos de la crisis que aún vive Nicaragua.  Este año, a pesar que la crisis persiste, decidimos que sería importante retomar la tradición de conmemorar el nacimiento de nuestro país.

Siempre me ha interesado mucho la historia, así que voy a tomar unos minutos el día de hoy para hablarles de cómo se moldearon los valores que nos distinguen como país. Estados Unidos fue la primera nación que se fundó con base en principios y valores, y no en aspectos comunes como la cultura, la raza o el idioma.

Cuando se produjeron los primeros brotes demandando la independencia de Gran Bretaña, los líderes de ese movimiento fueron señalados de radicales; de hecho, fueron considerados revolucionarios.  Durante las protestas, el grito que se escuchó en contra del Gobierno Británico fue “ningún impuesto sin representación política”; detrás de ese grito se escondía un profundo resentimiento por la falta de respeto a los derechos y la dignidad del pueblo en las colonias.

Cuando nuestros Padres Fundadores firmaron la Declaración de Independencia, insistieron en que el gran experimento estadounidense se fundamentara en las libertades y derechos que son inherentes a todos los seres humanos. Thomas Jefferson luego expresó lo siguiente: “las llamas que se encendieron el Cuatro de Julio de 1776, se han extendido por tantas partes del mundo, que resultan imposibles de extinguir por las fuerzas del despotismo”.

Nuestra democracia fue puesta a prueba una y otra vez en las siguientes décadas.  En la época de nuestra Guerra Civil, durante la presidencia de Abraham Lincoln, la tensión provocada por el tema de la esclavitud casi superó la capacidad de nuestras instituciones de contenerla y darle solución.

Al final, este conflicto contribuyó a que Estados Unidos viviera en mayor plenitud conforme al principio de igualdad e hizo que la democracia estadounidense emergiera fortalecida. El presidente Lincoln reafirmó la agenda de nuestros próceres de “crear una nueva nación, concebida en la libertad y dedicada a la proposición de que todos los hombres son creados iguales”.

Pero todavía quedaba mucho por hacer. Las mujeres tuvieron que luchar por décadas por el derecho a votar, hasta que finalmente lo lograron con la aprobación hace cien años de la decimonovena enmienda de la Constitución.

Luego, hace medio siglo, el movimiento a favor de los derechos civiles de los afro-americanos generó un nuevo despertar cívico en Estados Unidos. Cientos de miles se unieron al Reverendo Martin Luther King para realizar la famosa “Marcha sobre Washington”, en la que pacíficamente demandaron la protección de sus derechos consagrados en la Constitución, pero que algunos de sus connacionales se negaban a respetar. Esa enorme manifestación pacífica allanó el camino para la promulgación de la Ley de Derechos Civiles — otro suceso importante en nuestra historia democrática.

Traigo a colación estos episodios determinantes de nuestra historia para destacar un hecho sencillo: la democracia no es tarea fácil. Nosotros también hemos tenido que luchar, negociar y entendernos para preservarla o mejorarla en momentos clave. Aún hoy tenemos disputas y controversias que llegan hasta la Corte Suprema para ser abordadas a la luz de nuestra venerable Constitución.  Pero el tipo de gobierno que hemos creado y preservado, con sus robustas instituciones, ha aguantado todo y es, en definitiva, motivo de orgullo para nosotros.  Eso es lo que celebramos cada Cuatro de Julio, con desfiles, fuegos artificiales y barbacoas al aire libre. ¡Y hoy con ustedes!

Nuestros fundadores, desde luego, fueron inspirados por muchas ideas y experiencias tomadas de otros lugares, en particular de Inglaterra y Francia.  De igual forma, la experiencia vivida por Estados Unidos ha ayudado a moldear las ideas de democracia en las repúblicas que surgieron posteriormente en las Américas, incluyendo a Nicaragua, donde los líderes locales también decidieron que podían administrar mucho mejor sus asuntos por sí mismos, que bajo el yugo de monarquías lejanas e indiferentes.

Esta visión compartida de libertad, igualdad y autogobierno ha ido evolucionando con el paso del tiempo.  Cada país ha escrito su propia historia y librado sus propias luchas para que estos principios se transformen en realidades para sus ciudadanos.  Esa experiencia colectiva regional condujo a forjar nuevos compromisos compartidos por todas las democracias de las Américas a través de los instrumentos de la Organización de los Estados Americanos, incluyendo la Carta Democrática Interamericana.  El artículo primero de la carta dice lo siguiente: “Los pueblos de las Américas tienen derecho a la democracia y sus gobiernos la obligación de promoverla y defenderla”.  Durante el último año, la OEA ha demostrado su determinación de aplicar estos conceptos por medio de su accionar y gestiones en Nicaragua.

A los pueblos nicaragüense y estadounidense los unen lazos de amistad de larga data, basados en estos valores compartidos, así como los fuertes vínculos personales que hemos desarrollado.  Sin lugar a dudas que un dinámico historial de programas de intercambios educativos y culturales ha contribuido a fortalecer estos lazos.  De hecho, muchos de los presentes son egresados (exalumnos) de universidades estadounidenses o de programas de intercambio de la Embajada.  Espero que durante mi estadía en Nicaragua podamos estrechar todavía más esos lazos y tener más oportunidades como éstas para fortalecer nuestras relaciones.

No es secreto que hay tensiones hoy en la relación bilateral entre nuestros gobiernos.  La grave crisis sociopolítica de Nicaragua, en que se han registrado serios abusos a los derechos humanos, ha tenido un impacto negativo en nuestra cooperación; y no podría ser de otro modo.  Hablé ampliamente en la AMCHAM la semana pasada sobre nuestra visión de la crisis, así que no lo haré nuevamente esta noche.  Pero la comunicación franca entre nuestros gobiernos sigue siendo esencial.

Además del Canciller, quiero reconocer a otros integrantes de la delegación gubernamental que viene participando en las importantes negociaciones políticas, junto a sus contrapartes de la Alianza Cívica.  La Alianza Cívica ha jugado un rol clave como representante de las demandas de los nicaragüenses a favor de los derechos humanos y la democracia.  También han colaborado los testigos internacionales de dichas conversaciones, Monseñor Sommertag y Luis Ángel Rosadilla de la OEA.  Quisiera agradecerles por sus esfuerzos y desearles a todos el mayor de los éxitos en este proceso tan crucial para el futuro del país.

Cada día que pasa sin una solución a la crisis trae como consecuencia más negocios que cierran, más tierra sin cultivar y más fuga de talento humano.  Es vital que los nicaragüenses puedan volver a tener la confianza de que sus derechos fundamentales estarán protegidos y sus voces serán escuchadas.  Después de pasar estos siete meses en el país, estoy convencido de que el potencial de Nicaragua a largo plazo es demasiado grande como para desperdiciarlo.

Espero que pronto llegue el día en que pueda enfocarme un poco menos en la situación política y pasar más tiempo con otros temas fundamentales, como nuestra afición compartida por el béisbol.  De hecho, es mi deber recalcar que otra gran tradición estadounidense del mes de julio, el Juego de Estrellas del Béisbol de Grandes Ligas, se está jugando este año en mi ciudad natal, Cleveland, Ohio.  Y no sólo eso, sino que el gran Dennis Martínez jugará un papel central como el manager de uno de los dos equipos de las futuras promesas de la Liga.  Les invito a todos a disfrutar este gran tradición nuestra, a conocer las maravillas de Cleveland y (por supuesto) a hacer barra por el equipo de Dennis.

Antes de concluir, solo me quedan unas pocas tareas pendientes: Primero, agradecer a todos los donantes que hicieron que este evento fuese posible.

En segundo lugar, dar gracias nuevamente a todos ustedes por venir y por su continua colaboración.